Un baño propio
El debut de Lucía Casañ Rodríguez se articula, a través de un espejo deformante, sobre una cita de Una habitación propia de Virginia Woolf para construir un relato que convierte el cuarto de baño en un refugio creativo y un lugar de emancipación personal. De esta manera, la película explora la relación entre el espacio y la identidad cuestionando –desde un contexto muy diferente a la actual crisis de vivienda– cómo la falta de lugar propio puede truncar proyectos de vida. Aquí, la protagonista encuentra en su baño un universo paralelo donde imaginar otro futuro y desarrollar su vocación de escritora. Vestuario y escenografía evolucionan con ella en una estética anacrónica y ecléctica que mezcla épocas y rehúye el realismo para sumergirse en cierta teatralidad y crear un tono de fábula donde la imaginación se convierte en un acto de resistencia.
Casañ Rodríguez también introduce un discurso feminista que subraya las dificultades históricas de las mujeres para desarrollarse intelectualmente sin independencia económica ni un espacio propio. La puesta en escena subraya este binomio opresión-liberación, convirtiendo lo cotidiano en un escenario de transformación. Pero más allá de su discurso y su atrevimiento formal y narrativo la obra transita frecuentemente por el cliché, sin que el humor o la subversión del costumbrismo puedan salvar un resultado irregular que, entre hallazgos e imposturas, nos invita a reflexionar sobre la creatividad y la posibilidad de reinventarnos.
José Félix Collazos


