Seberg
“Un hombre encendió un fuego y me puso en él”. La frase de la protagonista de Seberg: más allá del cine resume la metáfora del prólogo, una imagen de su debut en Saint Joan de Otto Preminger interpretando a Juana de Arco, la mártir francesa que murió por sus convicciones. Y también el camino por el que transita, desde ese único flashback, un film lineal que se centra en el devastador daño que sufrió la actriz en la hoguera de otro hombre: el proyecto ilegal COINTELPRO de J. Edgar Hoover al frente del FBI. En esta etapa biográfica tras Al final de la escapada ni siquiera aparecen rescoldos de la revolución que supuso la Nouvelle Vague para el arte cinematográfico salvo en la naturaleza rebelde de quien fue uno de sus mayores iconos y cómo la cultura pop crea ciertos mitos para luego ofrecerlos en sacrificio. Puede parecer una oportunidad perdida, pero esa hubiera sido otra película y lo que Benedict Andrews pretende es superar el marco del biopic con este thriller político para arrojar luz sobre un ángulo oscuro de la historia estadounidense y denunciar la destrucción sistemática de un ser humano conducido al límite.
Los paralelismos con la actualidad, como el uso estratégico de noticias falsas, no consiguen elevar un guion lastrado por la simplificación y sobrecargado para mantenerse en movimiento: algunas de las ideas más interesantes se plantean y abandonan al mismo tiempo como, por ejemplo, la naturaleza voyeurista de la película que captura a Seberg en su mansión de paredes acristaladas sugiriendo su exposición y aislamiento, también una vulnerabilidad que hace percibir su vigilancia como una violación. Así, la obsesión personal del ficticio agente Jack O'Connell, cercana a un fan, se diluye en un forzado proceso de arrepentimiento para crear un arco que se cruce con el de la protagonista. Sin embargo, Kristen Stewart, arropada por un elegante diseño de producción y retratada con la luz brillante de California y las penumbras del ocaso, ofrece una composición genuina y conmovedora en su determinación de ser vehículo de la verdad de la propia Seberg.
José Félix Collazos


