Retales
Juanjo Giménez, tras la coreografía precisa de Timecode (2016) vira hacia un terreno más íntimo y doliente en Retales, un cortometraje que se pregunta cómo rememorar en el cine ante la falta de registro y nos sitúa de inmediato en el terreno de la evocación: ¿hay nostalgia posible sin archivo? Rodado en Super-8, 16 mm y 35 mm y construido con “found footage”, Retales no solo invoca a otras épocas materiales del cine, sino que se adentra en su textura para restituir lo que no fue filmado: los padres ausentes, la infancia sin imagen, la memoria sin cuerpo.
Como Mekas en As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (2000), Giménez abraza el azar del montaje como forma de verdad: el desorden de la vida –y la memoria– es ya un orden en sí mismo que permite estructurar el vacío, los ecos, los retales. No hay dramaturgia clásica, pero sí un riguroso sentido de lo emocional, construido desde la fragilidad del soporte, desde el temblor de lo analógico que, al rayarse, al granarse, al vibrar, parece querer recordarnos que también el cine muere. El dispositivo es aquí todo: no para mostrar, sino para significar. El gesto de reconstruir la memoria de sus progenitores sin una imagen original de ellos no es una anécdota, sino el núcleo ético y estético del film. No se trata de evocar lo perdido, sino de construir un lenguaje desde esa pérdida, una arqueología íntima hecha de fragmentos y pulsiones.
José Félix Collazos


