Relic
No hay terror más grande que el que sentimos hacia las amenazas tangibles. Ni el ser humano tiene mayor certeza que la de su propia muerte mientras el tránsito por la vida nos obliga a presenciar la desaparición de los seres queridos, una dolorosa despedida a veces prolongada por la agonía de progresivos deterioros cognitivos. Sobre esta realidad construye la australiana de ascendencia japonesa Natalie Erika James su debut en el fantástico, un drama intergeneracional que adopta formas de película sobre casa embrujada para subvertir el significado de los tropos habituales del género y elevarlos a otro nivel desde una mirada inequívocamente femenina. En esta historia sobre una abuela, una madre y una hija que lidian con los estragos de la pérdida de memoria de la anciana –encerradas en un caserón familiar que cruje y gime como un cuarto personaje– se condensan varios ecos: el hogar como metáfora directa de la caótica mente de su habitante con espacios olvidados que se reconfiguran, las dos maternidades resonando en los lazos familiares puestos a prueba y los paralelismos con Babadook (Jennifer Kent, 2014), otra producción australiana dirigida por una mujer, en un hogar que parece respirar las atmósferas claustrofóbicas del terror japonés.
Con un perspicaz conocimiento de las expectativas del género y cómo superar sus limitaciones, el film progresa lentamente sin grandes golpes dramáticos o sustos estridentes hasta su culminante parte final. En su desarrollo, la cámara acecha en cada rincón para registrar imágenes pacientes y silenciosas que unidas a un espeso paisaje sonoro componen un clima de pavor sostenido, mientras un insidioso moho invade la casa como alegoría de la demencia que envuelve tanto a quienes la padecen como a los responsables de cuidarlos. Horror y empatía se trenzan así para revelar algunas verdades sobre la condición humana y las condenas hereditarias: el plano final es tanto un acto de amor como una dolorosa capitulación ante esa cultura del cuidado como responsabilidad que nuestras sociedades cargan tradicionalmente sobre las mujeres.
José Félix Collazos


