Regreso a Montauk
Un hombre habla directamente a cámara mientras desgrana confidencias y reflexiones sobre el arrepentimiento: por los errores cometidos y por lo que dejamos escapar. El corte a contraplano nos revela que estamos ante una lectura literaria del escritor Max Zorn (Stellan Skarsgård) quien presenta su última novela de sesgo autobiográfico. A su vez, Volker Schlöndorff y su coguionista (el autor Colm Tóibín) lo utilizan como vehículo para representar el universo que, otro escritor, Max Frisch construyó en su obra Montauk. La transferencia y el juego de espejos nos sitúan ya en la cita autorreferencial donde la ficción es edificada sobre la memoria, propia y ajena.
Max está en Nueva York, con su esposa Clara (Susanne Wolff), para promocionar su nuevo libro sobre un amor pretérito y se reencuentra con Rebecca (Nina Hoos) la mujer con la que hace 17 años vivió una pasión en las playas de Montauk. Allí volverán juntos para rememorar el pasado, saldar cuentas y buscar respuestas para encarar el futuro. Desde esta premisa similar a Before Sunset (Richard Linklater, 2004), la película utiliza la plantilla narrativa de intelectual de mediana edad dividido entre el amor incondicional de su joven esposa y la romántica ensoñación del amor que dejó escapar. Schlöndorff entrega una obra convencional en las formas –entre el film romántico y el drama profundo– donde interesantes reflexiones conviven con clichés y diálogos imposibles. Pero su veterano oficio y la solidez de sus interpretes, elevan un material que en otras manos no pasaría de ser un elegante telefilme y que, con sus citas filosóficas y literarias, encontrará su público natural entre espectadores de cierta edad.
Dividida en dos partes diferenciadas, la segunda mitad en la costa de Long Island construye el suspense emocional con interrogantes –¿qué sucedió entonces? ¿qué sucederá a partir de ahora? ¿puede haber futuro para su pasado? ¿es posible invertir el tiempo?...– y avanza a su conclusión como una cita apócrifa de Heráclito; porque nadie puede bañarse dos veces en la misma playa.
José Félix Collazos


