Punto de Vista 2023: Auzolan
“Auzolan” es una palabra en euskera que significa “trabajo comunal”: una arraigada costumbre de labor colectiva y desinteresada para construir espacios comunes en los pueblos; para hacer Pueblo. Es también una cita, un lugar de encuentro natural en el que los habitantes se reúnen, hablan y discuten para generar intercambio y experiencias colectivas que fortalezcan la idea de comunidad.
Esta idea, tan consustancial al acto mismo de hacer cine y esencia misma del festival navarro como confluencia, cristalizó en un palmarés que entregó su máximo galardón a El polvo ya no nubla nuestros ojos, primera obra del Colectivo Silencio integrado por activistas, cineastas y artistas de diferentes lugares de Perú unidos para contar el pasado y presente de un país habituado a sobrevivir en los filos más punzantes de la Historia. Teatro, poemas, noticias, guiones cinematográficos, mensajes, instancias… una rica variedad de textos leídos por otros tantos representantes de la compleja sociedad del país andino que, conjugados con imágenes de archivo, son la piedra angular de un film “realizado por un colectivo para afirmar mejor la necesidad de unir las luchas y hacer del cine un arma colectiva”. Combinado con Tótem –en uno de los mejores programas de esta edición– se abrió un diálogo sobre la inquebrantable relación que establecemos con el entorno a través de la obra de Unidad de Montaje Dialéctico, otro colectivo –anónimo y clandestino– que denuncia la violencia sistemática en México y la arraigada consideración de la muerte como seña de identidad popular. Atravesada de principio a fin por un meditativo texto (“Quien desaparece en contra de su voluntad permanece en paradero desconocido por tiempo indefinido. Es una violencia sin sangre cuya manifestación primaria es un vacío”), la película renuncia a la representación literal de la violencia para armar su discurso con evocadoras imágenes de archivo aparentemente desconectadas del texto. Sin embargo, su innegable fuerza metafórica (bandadas de pájaros sobre el territorio o la multiplicación de instalaciones e infraestructuras cuando habla de la proliferación y extensión de las redes criminales) conduce el film hacia un segmento final de paisajes –con un sugerente tratamiento visual– ya “sincronizado” con la voz en off y que propone los lugares de desaparecidos como espacios de memoria; un nuevo tótem que, como símbolo o emblema colectivo, sustituya la imagen violenta del país de la que el Estado, los narcotraficantes y múltiples organizaciones son corresponsables.

CONFLICTOS COLECTIVOS
En Notre village, el “trabajo” en común, en este caso la defensa de sus tierras en Artsakh (entre Armenia y Azerbaiyán), es lo que movió a sus habitantes a tomar las armas para liberar su territorio treinta años antes de que estallara una nueva guerra en 2020. La película, obra del realizador de origen armenio Comes Chahbazian obtuvo el Premio Jean Vigo a la Mejor Dirección y combina, en su mutante puesta en escena, testimonios directos con cierta poesía no exenta de crueldad. Otra disputa fronteriza ocupa el interior del trabajo que presentó Alassane Diago en Maayo Wonaa Keerol (El río no es una frontera) basado en las experiencias y recuerdos de su infancia sobre un conflicto olvidado que rompió la armonía y la paz con la que convivían pastores de Mauritania y campesinos de Senegal. Ganador del Premio Especial del Público, la mayor recompensa para su director está en la frase de una de las supervivientes: “Tu trabajo, no es para ti: es para el mundo”.

LA FORMA ES EL FONDO
El filósofo, cineasta y escritor Julius Richard Tamayo colapsa los sentidos con su vertiginoso diario filmado APOCALIPSIS 20 21 22 (Mención Especial del Jurado), título cabalístico que alude a los años en los que filmó la resaca de la crisis colectiva que supuso la COVID, a los últimos versículos del Apocalipsis o también “un número de teléfono de línea directa para el infierno”. Su trepidante plasmación de aquel apocalipsis social incluye la victoria electoral de Ayuso, vistas desde su ventana, registros familiares, lecturas de autores como Platón, anime, paisajes como el volcán de La Palma y un uso del sonido cáustico y cercano al paroxismo. Un proteico cóctel de difícil clasificación definido por el jurado como “un loco diario fílmico pero muy estructurado, solitario pero densamente poblado, místico pero lleno de insolencia juvenil, que recupera la vitalidad del cine psicodélico en respuesta a un mundo atenazado por la inmovilidad y la muerte.” Conceptual y cercana al videoarte es la pieza Eventide que presentó la artista estadounidense Sharon Lockhart y que fue recompensada con el Premio al Mejor Cortometraje. Compuesta por un único plano de una playa al atardecer, la propuesta entronca con la tradición de la pintura paisajística y la propia ontología del cine como captura de luz. Con la aparición escalonada de seis figuras que parecen buscar algo con las luces de sus teléfonos móviles se revelan volúmenes, formas y contornos de una naturaleza iluminada artificialmente. Mientras, el crepúsculo desvela paulatinamente un cielo alumbrado de planetas y estrellas –algunas fugaces– y los sonidos “naturales” (el mar, los pasos…) se diluyen hacia una abstracción en la que solo se escucha el viento. Naturaleza y artificio, espacio y tiempo; cine indagando y en estado puro.

El documental, directo y despojado de indagaciones formales pero abierto a otras innovaciones, llegó de la mano de Lydie Wisshaupt-Claudel con Éclaireuses, término que podría traducirse como “exploradoras”. Son Marie y Juliette, fundadoras de una escuela al margen del sistema educativo regular para niños que nunca han sido escolarizados. Este espacio intermedio para hijos de refugiados antes de que accedan a la educación reglada (obligatoria, entre otras cosas, para conseguir el permiso de residencia) cuestiona la enseñanza tradicional basada en el procedimiento, la imposición en los procesos de acogida e incluso la utilidad del propio trabajo de sus protagonistas transitando en un territorio tan resbaladizo como ignoto. Un incontestable testimonio que fue destacado por el Jurado de la Juventud: “En un universo aparte, una pequeña escuela nos permite imaginar una realidad inimaginable. Dos profesoras devotas que, contra todo y sin dejar de cuestionarse, hacen surgir una realidad alternativa, otro futuro posible”. Sigamos imaginando, juntos.
José Félix Collazos


