Punto de Vista 2017: Mirada, narrativa y relato
Decía André Bazin que el cine es un arte centrifugo mientras que la pintura atrae la mirada del espectador de forma centrípeta: la imagen representada en el lienzo queda ceñida a los límites de su marco mientras que en el cine, el encuadre y los movimientos de cámara evidencian la existencia de una realidad exterior que queda fuera de campo. El cine, además, integra en su lenguaje la multiplicidad del punto de vista, algo inalcanzable, a priori, para otras disciplinas artísticas. Sobre la base de esta multiplicidad y su integración en un incesante debate creativo se han establecido algunos de los ciclos principales del Festival Punto de Vista.
EXPOSICIÓN / EXHIBITION
Así, la retrospectiva Luciano Emmer. Del racconto al ensayo incidió en el diálogo crítico entre el cine y otras artes visuales al revisar la obra de no-ficción del autor pionero de los documentales “de” arte (no “sobre” arte). Un ciclo que recorre siete décadas de búsqueda creativa hasta los ensayos cinematográficos de su última etapa y que ha permitido poner en relación el documental sobre Picasso realizado en 1954 con Incontrare Picasso, la cinta que Emmer creó medio siglo después volviendo sobre sus propios materiales para realizar un film sobre el proceso creativo en ambas disciplinas (pintura y cine); una obra llena de ecos y resonancias entre el artista retratado y el realizador.
Del diálogo constante entre medios expresivos nace también el ciclo presentado bajo el título La quinta pared, un intento de reflejar el documental en las artes escénicas y abrir nuevos espacios de representación a la realidad. Un insospechado giro conceptual de un cine que, liberado de la ficción, vuelve la mirada hacia el teatro que encorsetó toda su narrativa en los albores de la gramática fílmica.

Con libertad y búsqueda se armó la retrospectiva temática Volar. Una acción que aglutina el movimiento, la independencia, la posibilidad de tocar el cielo y el riesgo que conlleva todo acto creativo que asume el fracaso como parte de la propia indagación. El ciclo presentó 10+1 (con la de clausura) sesiones conceptuales que bajo otros tantos sugerentes títulos compusieron un grueso imposible de reseñar aquí por espacio (véase Caiman CdC, nº 58). Destacó la jornada en la Filmoteca de Navarra con la proyección especial del documental B 52 (Harmut Bitomsky, 1998) que contó con la presencia del autor. Su trabajo alrededor del mítico bombardero traza un contrapunto entre las orgullosas estadísticas de la nave como prodigio de ingeniería y las escalofriantes cifras de esta eficiente maquina de matar para romper el muro de la propaganda militar.
Este itinerario termina con la retrospectiva Heterodocsias, que asumió el reto de estar dedicada a un “cineasta sin cine”: el escultor Jorge Oteiza. Entre las obras provocadas por los escritos y el pensamiento de esta figura imprescindible en la creación de la segunda mitad del pasado siglo destacó el trabajo que Itziar Añibarro realizó en un programa de reinserción con los reclusos de Brians II (Oteiza) y sobre todo el making of de la pieza; una obra que entronca de manera natural con las reflexiones del artista sobre la educación estética del niño y la creación del “hombre nuevo”.
NUDO (GORDIANO)
En el núcleo de toda esta red interconectada se situó La Región Central, una selección reverberante con el taller de Sergio Oksman sobre la difusa frontera entre realidad y ficción que cuestionó el uso de herramientas de esta última en la construcción documental. La sección oficial albergaba un catálogo de obras complementarias para trazar un mapa de la producción experimental y donde los realizadores, sin abandonar el libérrimo cine de la mirada, han desplegado diferentes estrategias narrativas que podían cristalizar, ocasionalmente, en relatos. Muestra de esto último es Europe, She Loves de Jan Gassmann, una aproximación extrema a la intimidad de cuatro parejas de otras tantas ciudades del viejo continente para crear un panorama más amplio. La propuesta, con incómoda autenticidad, retrata toda la problemática de una generación y edifica su propio suspense sobre la posibilidad de supervivencia de las relaciones en el contexto socioeconómico actual. Destacable, por otros motivos, es también We Make Couples de Mike Hoolboom donde el reconocido autor canadiense ofrece un estimulante ensayo fílmico dirigido al subconsciente a través de un collage con materiales de diversa procedencia y formato, una película Frankenstein tan arbitraria como fascinante.

Precisamente de Mike Hoolboom son estas palabras sobre The Host (ganadora del Premio a la Mejor Película): “Este trabajo sobrio, respetuoso y devastador es uno de los puntos culminantes del año, una sonda silenciosa e insistente sobre el acto de crear y marcar el territorio, la forma en que la identidad se construye en una serie de actos de ceguera necesaria y la manera en que el Otro sigue entrando y saliendo de la vista”. Entre lo personal y lo colectivo, el trabajo de Miranda Pennell supera con brillantez el reto de hacer cine a través de la reutilización de materiales en su mayoría estáticos. Utilizando fotografías del álbum familiar v el archivo de imágenes de British Petroleum –la empresa para la que trabajaron sus padres en Irán– la autora hace un recorrido con etapas en el pensamiento, la memoria, la imaginación, la biografía y la denuncia del colonialismo.
Eric Pauwels ha intentado mirar con los ojos de los que ya no están en la película que le ha proporcionado el premio Jean Vigo a la Mejor Dirección. La deuxième nuit es un poético ensayo visual –en el que empezó a trabajar tras conocer la inminencia de la muerte de su madre– y una emocionante aproximación al proceso de separación construido con imágenes domésticas, recuerdos, objetos cotidianos de gran poder evocador y un arrebatado texto lleno de lirismo. Con este delicado equilibrio entre imagen, voz y sonido, el autor cierra (tras Lettre d’un cinéaste à sa fille y Les Films rêvés), la Trilogía de la cabaña realizada desde la intimidad del cobertizo de su propio jardín.

El Premio al Mejor Cortometraje reconoció la brillante apuesta formal de Foyer donde Ismaïl Bahri hace una “retrato” de Túnez colocando un papel en blanco sobre el objetivo de su cámara y dejando que la imagen evolucione según el baile del viento, la luz o las sombras de los objetos que pasan por delante. El experimento, de raíz formal, pronto evoluciona a radiografía social y política a través del audio de las conversaciones que crea la radical puesta en escena; una elección que activa la imaginación del espectador.
El Premio del Público recayó en el realizador navarro David Arratibel que, con Converso, vuelve la cámara hacia él y su familia para desanudar conflictos y filmar conversaciones pendientes. Un honesto trabajo que se eleva muy por encima de otros documentales con testimonios. Completando el Palmarés se encuentra 5 October (Premio de la Juventud) un cruce silencioso entre diario filmado y road movie con el que Martin Kollar rueda dos viajes –uno introspectivo y otro físico– de su propio hermano antes de enfrentarse a la fecha de una arriesgada cirugía. Crónica de una cuenta atrás llena de humanidad y, también, humor.

DES-ENLACE
Otra cuenta atrás, la de la conquista del espacio en el ya clásico documental de autor Nuestro siglo (Mer dare, 1983) de Artavazd Pelechian, puso el punto final. Difícil imaginar una conclusión mejor que con el poema visual del armenio sobre saltos al cielo y sueños de progreso: Oskar Alegría emprende su propio vuelo y (se) despega de la dirección artística de un festival cuya trayectoria ascendente ha roto techos año tras año.
José Félix Collazos


