Mostra de València 2022: Mediterránea, femenina y singular
“Cuando la gente dice que hay un lenguaje cinematográfico feminista, es como decir que las mujeres solo tienen una forma de expresarse”, Chantal Akerman. Las palabras de la desaparecida cineasta belga –una declaración de principios contra el reduccionismo– presagian ya la amplitud de miradas y temáticas que ha supuesto la progresiva incorporación de mujeres cineastas a un medio que, aunque con pasos importantes en los últimos años, mantiene vestigios de un comportamiento refractario, cuando no una actitud condescendiente con artificiales sistemas de cuota. Por todo ello es importante destacar el trabajo del equipo que ha renovado el certamen valenciano desde 2018 y que ha culminado en esta edición con una natural simetría de género representada en la sección oficial y, lo que es más importante, justificada en términos cinematográficos; enriqueciendo así la pluralidad que ya conlleva organizar un certamen incardinado en la vasta geografía mediterránea.

Desde estas nuevas perspectivas, se puede destacar una obra como Moja Vesna (Sara Kern, 2022) que en su retrato de un proceso de duelo familiar incluye a una joven –la Vesna del título– embarazada sin que en ningún momento haya alusiones al posible padre o las circunstancias de su estado. La mirada de la directora eslovena desplaza el punto de vista a la hermana pequeña, Moja, que a pesar de su corta edad tiene que asumir el papel de cabeza de familia ante un padre desorientado por la repentina pérdida de su mujer en un accidente, sugerido sutilmente como un posible suicidio. Elaborados y claustrofóbicos encuadres en el hogar familiar, que funcionan como subjetivos, sugieren la presencia de la madre en este conjunto roto. También está embarazada –y a punto de dar a luz– la protagonista de Klondike (Maryna Er Gorbach, 2022), una cinta que no aumentó aquí su notable Palmarés de este año con premios en Sundance, Berlín o Sarajevo. La obra, una de las más interesantes de la sección competitiva, es un drama bélico situado en la guerra del Dombás de 2014. Con un impecable rigor formal, Gorbach denuncia cómo irrumpen los conflictos en la población civil desde la primera secuencia en la que la pared del salón de Irka y Tolik se derrumba y el infinito paisaje del territorio en pugna invade su reducida intimidad. Sin concesiones ni artificios, la cámara se mantiene bajo control, con tomas largas e ininterrumpidas, hasta la brutal secuencia final. Toda la obscenidad de la violencia queda registrada en esa culminación de una obra dedicada a las mujeres y que incrementa su interés con la actual guerra ruso-ucraniana.

Una mirada sobre la actualidad en Irán, ahora inmersa en protestas por la situación de la mujer en la sociedad persa tras la muerte de la joven Mahsa Amini, fue distinguida con los galardones principales: la Palmera de Oro, mejor película, y Premio a la Mejor Dirección. Until Tomorrow (Ali Asgari, 2022) parte de una sencilla premisa para registrar toda una serie de limitaciones que constriñen a las mujeres en las sociedades de Oriente Próximo dominadas por la vigilancia, el miedo y la sospecha. El surrealista periplo de una madre soltera, Fereshteh (Sadaf Asgari), durante horas para poder esconder su bebé ante la inminente visita de sus padres está rodado con una asfixiante cámara de seguimiento –que en muy contadas ocasiones abandona a su protagonista–, un estudiado uso jerárquico del color y cierto impulso de suspense. Toda la opresiva red de leyes y convenciones sociales con las que tropieza su protagonista construyen un tenso drama personal que alcanza su momento más expresivo en un taxi con un plano de cuatro minutos sobre el rostro de Sadaf Asgari. La ola de sentimientos, toma de conciencia y determinación que transmite justifican todo un trabajo y el Premio a la Mejor Interpretación en este caso concreto. La sospecha también es el motor dramático que obliga a la viuda Hadjer y su hijo a abandonar su pueblo para encontrar un futuro mejor lejos de las infundadas habladurías en The Life After (Anis Djaad, 2021). Con el trasfondo de la tensión entre tradición y modernidad en Argelia, el film narra la odisea de sus protagonistas y la de las nuevas generaciones para encontrar un futuro en el que el mar (mediterráneo, como corresponde) juega un papel principal. Pero la cámara de Djaad, que observa a sus personajes sin profundidad de campo y con lentes que aplanan los fondos, evidencia las dificultades y el escaso porvenir del contexto.
El mar, desde un prisma romántico, también está presente en el título de la obra kosovar Vera Dreams of the Sea (Kaltrina Krasniqi, 2021). Mar, como ensueño o pesadilla, en esta obra que contrapone la corrupción social frente al drama personal en la figura de Vera, una intérprete del lenguaje de signos que explica el mundo a otras personas. Tras el suicidio de su marido (en un hábil y contenido fuera de campo) esta mujer sola tendrá que enfrentarse al rol adjudicado a las viudas en su entorno más inmediato. En contraste con la conflictiva herencia de su marido está el legado de su madre sorda que fue quien le enseño su profesión, el de las mujeres depositarias de la memoria colectiva y su tradicional papel como víctimas de los pecados de los hombres. Lo personal trasciende lo político con las arriesgadas decisiones de la protagonista que apelan a la pregunta principal: ¿qué Kósovo estamos construyendo?

Uno de los guiones más inteligentes del festival fue reconocido con el premio principal en esta categoría para la película israelí Concerned Citizen (Idan Haguel, 2022) que también obtuvo la Palmera de Plata. Sustituyendo a los palestinos por la nueva inmigración subsahariana que habita en los suburbios de Tel Aviv, Haguel denuncia sutilmente la transformación de su pueblo y el colectivo LGTBIQ+ de víctimas a victimarios. El “ciudadano preocupado” (interpretado por Shlomi Bertonov, Premio a la Mejor Interpretación Masculina) es un liberal que se está planteando la gestación subrogada junto a su novio (Ariel Wolf, pareja del protagonista también en la vida real) y que provoca la muerte por brutalidad policial de un migrante con una llamada que denuncia un “probable” comportamiento vandálico con un árbol plantado por él en su barrio. La sátira hacia la heteronormatividad de ciertos comportamientos en el mundo gay y, sobre todo, el sentimiento de culpa (colectivo) atraviesan todo el film, condensados en la apesadumbrada mirada de Bertonov. También las desigualdades, el olvido acomodaticio y la gentrificación encuentran espacio en esta interesante propuesta.

En la isla de São Miguel, mientras estaba disfrutando de una residencia artística, encontró la documentalista Cláudia Varejão otra comunidad LGTBIQ+ que sería el germen de su obra Lobo e Cão (2002). Acentuando los contrastes entre tradiciones atávicas y las aspiraciones de un grupo de jóvenes (todos actores no profesionales) que conviven en este apartado rincón del Atlántico, la directora portuguesa construye una película vital y colorista, con algún “tableu vivant” que remite a la obra del pionero artista “queer” James Bidgood o las fotografías de Pierre et Gilles. Las sesiones del film se llenaron de un público joven que se identificaba con una propuesta de valiosa experimentación visual y la capacidad de crecer personalmente en un medio hostil que habita en este bello film.
El paso a la edad adulta es también el tema principal de El que sabem (2021) debut en el largometraje del valenciano Jordi Núñez y que abrió la sección competitiva. La cinta, a ratos rutinaria al reflejar los cambios generacionales, contiene sin embargo interesantes ideas para renovar la clásica historia coral de personajes perdidos en una etapa de transformación. Y el reencuentro del protagonista con su ciudad, Nápoles, y un amigo de la infancia (como némesis) es el argumento de Nostalgia (Mario Martone, 2022) con la que el realizador italiano vuelve a retratar su compleja ciudad natal con una expresiva cinematografía de Paolo Carnera que le valió el Premio a la Mejor Fotografía. El film, probablemente el más académico de la Mostra, cierra esta crónica y finaliza con un valioso plano que apela a toda la iconografía barroca tan arraigada en el sur de Italia.
José Félix Collazos


