Memorias de un asesino
En la primera (y muy consecuentemente también última) secuencia de Memorias de un asesino un hombre emerge de la oscuridad de un túnel. Desde ese momento entraremos con él –Byeong-soo, un antiguo asesino en serie con Alzheimer– en un laberinto circular mucho más sombrío: su propia mente en tinieblas que lucha con una memoria cada vez más difusa. Cuando nuevos crímenes asolan su zona, Byeong-soo tiene un encuentro fortuito con Tae-joo, un policía en el que cree reconocer a otro psicópata y que iniciará un romance con su hija. A partir de aquí tendrá que lidiar con recuerdos que se desvanecen, su imaginación y una realidad distorsionada por lagunas para averiguar quién es el autor (sin descartase a sí mismo) de las recientes atrocidades. Desde su punto de vista apoyado por la voz en off, una grabadora para no olvidar el presente y el diario en el que registra su pasado, Byeong-soo se convierte en un narrador poco fiable por su enfermedad pero en un interesante recurso para un guion firmado por Hwang Jo-yoon, autor de Oldboy (Park Chan-Wook), que permite a la historia avanzar con sorprendentes giros, flashbacks, recuerdos falsos y alguna trampa argumental.
Shin-yeon Won conduce este thriller psicológico creando una atmósfera premonitoria, tensa e intrigante, resaltada por una cinematografía tan fría como cuidada y a pesar de trabajar con elementos ya transitados en obras anteriores (un hombre con demencia que intenta recordar un crimen, un asesino y su némesis, una hija en peligro) consigue dotar de personalidad a este siniestro juego entre el gato y el ratón creando un duelo impredecible y disfrutable que se convirtió en el mayor éxito de taquilla de Corea del Sur en 2017. Y tras su enrevesada –que no compleja– trama subyace la eterna cuestión de la identidad, la proyección en el “otro” y la memoria como configuradora de personalidad; también su borrado o sustitución como oportunidad para redimir culpas pretéritas. Una memoria que para algunos es un paraíso del que no podemos ser expulsados pero para otros una cárcel de la que no podemos escapar.
José Félix Collazos


