Mamacruz
Mamacruz es abuela, madre, esposa y cumplidora feligresa que tiene a su cargo una nieta preadolescente. Su existencia, basada en roles tradicionalmente impuestos a las mujeres en las pequeñas comunidades, consiste en ayudar en la parroquia en el poco tiempo libre que le permiten todas las obligaciones del hogar y el cuidado de los suyos, incluido un marido más de ronquidos que de palabras. Entre la caricatura y el patetismo, Mamacruz podría haber sido un estereotipo si no estuviera encarnada con todos los matices y complejidad que la veterana Kiti Mánver aporta a esta mujer resignada y silenciosa que sufre una violenta transformación cuando accidentalmente entra en contacto con la pornografía en internet y su libido vuelve a despertarse. Su interpretación es la piedra angular de este sensible estudio de personaje donde, sin embargo, los secundarios tienen un papel meramente funcional.
Con alguna metáfora obvia, y a través de una mirada cercana, Patricia Ortega relata la transformación física y emocional de su protagonista –en los límites del encuadre o reflejada en espejos– desde su mundo monocromático hasta los vibrantes colores del universo cómplice y femenino del grupo de terapia sexual que le ayuda a desafiar las convenciones y afirmar su propia personalidad. Y es en esta segunda parte, cuando la película abandona su contención para optar por un tono mucho más ligero y lúdico que desemboca en un luminoso y surrealista plano final.
José Félix Collazos


