Los miembros de la familia
Lucas y Gilda son dos jóvenes hermanos que viajan hasta una anónima ciudad balneario para cumplir el último deseo de su madre fallecida y arrojar sus restos al mar. No son los únicos “miembros de la familia” que llegan a ese gris pueblo costero, con ellos va la mano protésica de su madre que no ha podido ser incinerada. Esta es solo una muestra del sutil humor negro que late en esta, esencialmente dolorosa, historia sobre duelo y aflicción. Atrapados por una huelga de transporte en la casa que fue escenario de la misteriosa tragedia tendrán que reconstruir sus vínculos para superar el aislamiento emocional y superar un distanciamiento que se percibe en sus fracturadas conversaciones. Sobre una apuesta formal con predominio de largos planos fijos que refuerzan constantemente la situación de estancamiento de los hermanos, el film registra (re)acciones minúsculas, puntuadas con silencios y miradas, para construir el retrato doliente de dos personalidades en un proceso de aceptación y crecimiento lleno de aristas. Esta delicada observación sobre los personajes se beneficia de unas interpretaciones emotivamente contenidas y una construcción pausada, no exenta de intriga, que dosifica gradualmente la información.
Con imágenes en las que predomina una luz tenue, suspendida, el film –presentado en la sección Panorama de Berlín– se sumerge paulatinamente en un clima enrarecido donde las circunstancias son siempre sugeridas de forma elusiva. Bendesky también se apoya en un creativo uso del sonido especialmente importante en las secuencias oníricas donde la voz de la madre es sustituida por ruidos similares a interferencias. Otras irrupciones de cierto surrealismo se producen en una inspirada secuencia de videojuego y en las inclinaciones esotéricas de Gilda que introducen una leve comicidad para aligerar el drama de la desorientación, también sexual, de los hermanos. Y sin quebrar completamente el enfoque sobrio que atraviesa toda la narrativa, el film recompone la personalidad de estos dos caracteres en su particular purgatorio hacia la maduración.
José Félix Collazos


