La comuna
“Quiero oir a otras personas” le dice Anna (Trine Dyrholm) a su marido Erik (Ulrich Thomsen), para persuadirle de compartir su recién heredada casa y, de paso, dinamizar una vida que se adivina estancada en la rutina de la edad adulta. Este es el principio de La comuna (Kollektivet, 2016), el regreso de Thomas Vinterberg con los mismos protagonistas de Celebración a los años 70, época de experimentación y amor libre, y a una nueva disección de una comunidad. Este microcosmos humano, observado con humor y con las reglas aún por escribir, pronto se adivina conflictivo en su evolución y metáfora del orden social: un universo donde a pesar de la igualdad de todos sus miembros se reconoce la figura del líder, el guardián del orden o incluso el refugiado y en el que, aunque las decisiones se toman de forma mancomunada, quien ostenta el poder económico intenta imponerse a las decisiones democráticas.
Pero el autor de La caza abandona la parábola política para adentrarse en el drama sentimental cuando Erik, profesor de arquitectura, se enamora de una de sus alumnas y decide unirla al grupo con el consentimiento de su esposa. A partir de aquí, el film se convierte en otra indagación sobre el individuo y la colectividad (en definitiva, los otros) a través de Anna, el vértice más inestable de un triángulo que no sólo rompe el equilibrio de la convivencia sino el planteamiento coral y deja las subtramas como meros accesorios.
La historia, absorbente, avanza con un guion tan hábil como a ratos inverosímil, una trama urdida por el director danés con oficio y menos “mala baba” que sus anteriores obras para ampliar su público y emocionar a través de solidas interpretaciones donde destaca la compleja composición que de su personaje hace Trine Dyrholm. Con cámara en mano, secuencias fragmentadas a la manera del formato doméstico y un color que recuerda a los álbumes fotográficos familiares de la época, Vinterberg nos lleva a un desenlace con ecos de fin de utopía donde lo que lo que realmente se escucha es “Goodbye Yellow Brick Road”.
José Félix Collazos


