Josefina
Parece un contrasentido que la soledad, basada en el progresivo aislamiento individual, haya infectado nuestras sociedades extendiéndose más que otras pandemias. Un tema silencioso que afecta a innumerables personas a partir de la segunda mitad de su vida. Por eso resulta alentador que un joven debutante en el largometraje (Javier Marco, Goya al mejor cortometraje el pasado año con A la cara) afronte esta dolorosa realidad con tanta honestidad y aparente sencillez. Muy cerca de la madurez narrativa de otros cineastas más experimentados, Marco narra el acercamiento entre dos soledades, la de una madre (Emma Suárez) que visita semanalmente a su hijo encarcelado (Miguel Bernardeu) y un funcionario de prisiones (un inmenso, en todos los sentidos, Roberto Álamo) que se hace pasar por otro padre inventándose una hija reclusa de nombre Josefina. Sobre el delicado trabajo de sus intérpretes, sus diálogos y silencios repletos de significado se construye esta historia en la que destaca la composición de Álamo que tras su rotundo físico esconde una inesperada fragilidad y ternura. La conmovedora secuencia de la prueba del traje es un buen ejemplo de emoción y tensión contenida tanto por la planificación como por la sabiduría de sus intérpretes.
Con su propio ritmo interno, sutil y lleno de observación psicológica, el arco de los personajes revela sus carencias más íntimas mientras son retratados con una luz desvaída en encuadres que reflejan su aislamiento y largos planos que respetan la evolución de las secuencias y permiten la serena observación de pequeños detalles que componen su gris cotidianidad. Todo se percibe orgánico, real, salvo la inclusión de un cuarto personaje no justificado siquiera con el gran poder de sugerencia que habita en su inteligente guion. El único detalle estridente de esta historia de tristezas aligerada con pequeños toques de humor –encapsulados en la incomunicada sala de monitores– sobre otras cárceles involuntarias y la posibilidad (o no) de escapar de ellas, una eventualidad que deja traslucir su abierto y sugerente final.
José Félix Collazos


