Jinetes de la justicia
TEORÍA DEL CAOS
¿Puede un thriller de venganza mutar en incómoda comedia negra, disparatada y provocadora, para cristalizar en fábula sobre el sinsentido de la existencia y la imposibilidad de buscar orden en el caótico devenir del universo? Anders Thomas Jensen (Men & Chicken, 2015) asume ese desafío al subvertir los tropos de cierto cine de acción y dirigir una obra que mezcla géneros divergentes y tonos discordantes; una operación suicida condenada al fracaso en manos de otro cineasta y que el guionista danés resuelve satisfactoriamente a través de una férrea escritura llena giros inesperados, violencia explícita y una incondicional empatía hacia sus criaturas. Markus (Mads Mikkelsen) es un militar en activo que regresa al hogar para acompañar a su hija Mathilde tras la muerte de su esposa en un accidente de tren. Emocionalmente bloqueado y con estrés postraumático, tiene problemas para manejar la ira y rechaza cualquier ayuda profesional en su proceso de duelo. Un día se presenta en su casa Otto, un obsesivo analista de estadísticas y probabilidades –superviviente de la tragedia– convencido de que el accidente no fue casual sino provocado por una banda criminal que se hace llamar “Jinetes de la justicia”. Junto a (otros) dos inadaptados sociales –Lennart, un traumatizado “hacker” y Emmenthaler, un tímido experto en informática con problemas de sobrepeso– deciden formar un disfuncional cuarteto justiciero que se configura como un distorsionado reflejo especular del grupo de delincuentes.
Con arriesgadas modulaciones de tono que transitan por el filo de la farsa, la tragedia y la comedia, el film desarrolla una violenta revancha de ritmo trepidante repleta de torpezas, errores y situaciones absurdas atravesadas por un humor corrosivo y una mirada llena de humanidad hacia este grupo de seres afligidos comandados por Markus, quien busca una “narrativa” a la que aferrarse, algo que de sentido a su vida. Es notable como el guion traslada ese sentimiento a la pantalla edificando castillos de naipes que él mismo se encarga de derribar introduciendo algo inesperado en la conclusión de la mayoría de las secuencias.
El resultado es una inclasificable obra, amena e impredecible en términos de escapismo, que supera los géneros con sugerentes apuntes: en el contraste entre el machismo tambaleante del militar (severo e implacable) y los personajes inseguros, contradictorios y sensibles del “comando” afloran interesantes reflexiones sobre la masculinidad –Mathilde es el único personaje que aporta algo de cordura en la locura– y las deficiencias emocionales que ocultan los héroes de acción al uso. También el abuso, la solidaridad, la cuestionable catarsis a través del uso de la fuerza y la posibilidad de sanación colectiva de este conjunto dañado complementan la historia nuclear de un duelo autodestructivo que Mikkelsen compone con una economía expresiva que siempre transmite complejas emociones. Y frente a la manida causalidad –que busca patrones de causa-efecto en la “realidad” y en la narrativa– el film contrapone la aceptación del azar y la naturaleza de la vida como concatenación de sucesos aleatorios y arbitrarios: mayor caos provoca el dolor de no asumirlo.
José Félix Collazos


