Fortunata
La lucha de una madre en los arrabales neorrealistas de Mamma Roma (P. P. Pasolini) y la dinámica humana del melodrama Una jornada particular (Ettore Scola). El rock de Creedence Clearwater Revival y el post-punk de The Cure combinados con Chubby Checker, rey del Twist. También el sobreutilizado Himno de la alegría de Beethoven y el intimista You Are My Sister de Antony and the Johnsons, otro himno, en este caso “queer”. Y Melina Mercouri cantando el tema de Fedra (Jules Dassin), adaptación de Eurípides, junto con la cita reiterativa a Antigona, la heroína de la tragedia griega de Sófocles. Sergio Castellitto combina estos heterogéneos materiales en su nuevo intento de renovar el “gran” drama italiano con otro retrato femenino de vida al límite; estrategia que le reportó cierto prestigio anteriormente y que, en este caso, obtuvo el premio a la mejor interpretación de la sección “Un Certain Regard” para Jasmine Trinca en Cannes.
En Fortunata, Trinca ofrece una composición vital y desgarradora de una peluquera en un barrio de clase trabajadora rodeada de personajes y traumas que le impiden alcanzar sus sueños. Su trabajo, desde la baja autoestima hacia el empoderamiento, es la auténtica clave de bóveda del film pero el arco dramático se hunde en un guion (de la escritora Margaret Mazzantini, esposa del realizador) repleto de arbitrariedades, giros artificialmente construidos y una puesta en escena que busca intensidad exagerando las situaciones más allá de lo razonable. Un marido abusador, una hija con problemas de conducta, un psiquiatra con dilemas deontológicos –con el que iniciará una incierta aventura–, un amigo gay drogadicto y su anciana madre –Hanna Schygulla, tan desorientada como su personaje en las brumas del Alzheimer– completan el microcosmos ubicado en una Roma medio vacía durante el verano y que Castellitto ha parecido repoblar con figuración multirracial de todas las comunidades inmigrantes. Una obra tan convencida de su profundidad como confundida al plantear la complejidad como acumulación y exceso.
José Félix Collazos


