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Femeninos, en plural



Texto sobre las resonancias entre Kill Bill (Vol. 1 & 2) y el trabajo de Cindy Sherman
Fecha: 17/02/2016
Autor: José Félix Collazos

Un primer plano de Uma Thurman aparece en pantalla en el prólogo de las dos partes del díptico Kill Bill y la fuerza expresiva del encuadre y su composición evocan el trabajo de Cindy Sherman y más concretamente su obra Sin título # 153, fotografía famosa en su día por el alto precio alcanzado en subasta.

La artista (también directora de cine) comparte con Tarantino, además de un precoz reconocimiento a su trabajo, la utilización de géneros cinematográficos y la cita visual como pilares de su obra, que en este caso examina la construcción de la identidad y el artificio de la fotografía.

El trabajo de Sherman se ha caracterizado fundamentalmente por la representación del papel de la mujer en la sociedad contemporánea y los medios de comunicación, y de manera mucho más específica en el cine con su famosa serie Untitled Film Stills (Fotogramas sin título) donde la artista se fotografía a si misma en numerosos roles que representan la construcción social del corpus femenino a través de modelos de la cultura audiovisual.

En estas obras, la propia autora, en una reinterpretación del concepto de “puesta en escena” cinematográfico, asume numerosas funciones del proceso creativo: fotógrafa, maquilladora, peluquera, vestuario y fundamentalmente modelo, para ofrecernos un resultado que no es un autorretrato sino algo más ambicioso y conceptual, una especie de ficción autofabricada de arquetipos de mujer con clara vocación de universalidad. Sus obras siempre numeradas tras las palabras “sin título”, desvelan una operación en la que su identidad se diluye en un anonimato que guarda ciertos paralelismos con la protagonista de Kill Bill, una mujer sin nombre y sin embargo compuesta de varios roles femeninos: amante, novia, madre, víctima y asesina.

Pero es en la segunda parte del film cuando este eco repetido y ya en color (no es casualidad tampoco que la obra de Sherman haya partido del blanco y negro para evolucionar al color como la película de Tarantino y el arte de la fotografía y el cinematógrafo) fructifica en la secuencia en que La novia vuelve de la tumba, resucitada y convertida en una nueva mujer que trasmuta de víctima a verdugo para ejecutar, además de su venganza personal, la revancha contra el arquetipo de mujer que ha poblado la historia del cine de acción. Todo un ajuste de cuentas con el pasado personal y colectivo.

José Félix Collazos

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