Fantasía
En los últimos años, con el nuevo paisaje digital, varios autores han vuelto sobre el viejo debate de identificar la ontología de la base fotográfica en el cine y repensar la relación intrínseca entre la fotografía y el mundo físico. La democratización e inmediatez de las nuevas formas de registro de la realidad más cercana han modificado el concepto de imagen como huella temporal. Con estas reflexiones se incardina la nueva película de no ficción de Aitor Merino (Asier eta biok, 2013), una “home movie” mas próxima al documento que al documental con la que vuelve de nuevo a fijar la mirada sobre su entorno más personal para exponer su intimidad desde los dos lados de la cámara. El retrato que compone sobre su familia deviene así en una reflexión sobre el tiempo y la capacidad de encapsularlo, la memoria y –sobre todo– el legado; ese rastro de la existencia humana capaz de desafiar la única certeza de la vida: su inexorable final.
Construida por contrastes, Fantasía toma su título del crucero en el que los padres del realizador y su hermana se embarcan para pasar unas vacaciones que encuentran su contrapunto en la cotidianidad del hogar familiar, un espacio –íntimo y personal– que se yuxtapone al impreciso no lugar de un masificado buque de recreo. Otras dicotomías aparecen según el documental se va desvelando lentamente, a veces con la misma rutina con la que retrata el día a día: los sueños y anhelos frente a la realidad de la inminencia de la muerte se contraponen como el soleado cielo de las vacaciones da paso al invierno en el microcosmos cerrado del hogar familiar. Y algún escalofrío acompaña el progresivo deterioro del padre, la inminente desaparición de la “amona” o el anuncio de la defunción de un familiar que, dibujado por la madre, pasará a formar parte de la innumerable galería de retratos que llenan las paredes de la casa. Y aquí es donde la obra encuentra su principal razón de ser, como regalo por el amor recibido, con las últimas palabras del realizador en off: “¿Para qué sirve un retrato si no queda nadie que te recuerde a través de él?”.
José Félix Collazos


