El perdón
“Dinero de sangre” se denomina en la tradición iraní a la compensación equivalente a “el precio total de un hombre adulto” que los familiares reciben por una muerte injusta. Esta es la oferta que las autoridades del país musulmán ofrecen a Mina (Maryam Moghaddam) por la ejecución errónea de su marido inocente en una secuencia que vuelve a incidir en el kafkiano laberinto administrativo de un sistema injusto, perverso y decididamente hipócrita: “Después de todo, era la voluntad de Dios”. Pero la viuda quiere una disculpa pública por la pérdida sin sentido de la vida de su esposo, y que los responsables afronten las consecuencias. Comienza así una particular cruzada por el campo minado de una sociedad altamente misógina y patriarcal: inmersa en la difícil rutina de criar a su hija sorda es despedida de su trabajo, desalojada de su vivienda y presionada para casarse con su cuñado. Solo la aparición y la ayuda del triste y misterioso Reza –que dice ser un antiguo amigo de su marido y con quien establece una amistad con tentativa de romance– aligera el peso de convivir con una burocracia indiferente, parientes agotadores y vecinos entrometidos. Pero Reza le oculta su verdadera identidad: es uno de los jueces del tribunal que dictó la pena capital.
Con este “Hitchconiano” giro (y algún simbólico vaso de leche), Moghaddam y su codirectora Behtash Sanaeeha van armando un drama de suspense que esquiva cierta artificiosidad –por acumulación– con diálogos francos y astutos y, sobre todo, una austeridad formal que potencia la conmovedora interpretación de la propia realizadora; una mujer entre dilemas éticos que paulatinamente se va empoderando entre la inocencia, la culpa, la redención y el perdón. Entre el drama sociopolítico (representado en There Is No Evil de Rasoulof) y los absorbentes estudios de personajes de Asgar Farhadi, El perdón encuentra una voz, íntima y personal, para denunciar las desenfrenadas ejecuciones de un gobierno que, indiferente a la resiliencia y dignidad de su pueblo, sofoca las libertades individuales de los más frágiles e inocentes.
José Félix Collazos


