El navío (The Vessel)
Jung consideraba, a diferencia de Freud, que los sueños revelan tanto el inconsciente personal como el colectivo y que sus imágenes elevadas a la categoría de símbolos no esconden un deseo insatisfecho, sino que revelan significados profundos. Desde esta premisa y a través de una sensual imaginería onírica, El navío (The Vessel, 2016) indaga en la herida de una aldea que diez años atrás perdió a todos sus niños en un maremoto que destruyó la escuela y que, sin futuro, se ahoga en el recuerdo paralizante de su propia pesadilla. Pero lo que de verdad explora el realizador cubano-americano Julio Quintana en su debut es el propio significado de la existencia, cómo volver a aprender a vivir después de una tragedia desgarradora y la capacidad de hacer la paz con el misterio de la vida. Para ello, el film reivindica el poder de la fe, la necesidad de creer para aceptar el misterio como fuente de consuelo y reconciliación a través de sus dos protagonistas, el padre Douglas (Martin Sheen), un sacerdote impotente para movilizar a su comunidad, y Leo (Lucas Quintana) un joven que, como Lázaro, regresa de la muerte y se convierte en una especie de profeta al construir una extraña estructura –el título en inglés también significa “recipiente”– que, llena de contenido, es recibida entre sus vecinos con tanta fascinación como rechazo.
El film, producido por Terrence Malick, navega por el sincretismo también estilísticamente: rodado en Puerto Rico en doble versión inglés-español parecía inevitable que el más mágico de los realistas americanos se encontrara con la cultura latina. La propuesta, con ecos del expresivo estilo del maestro tejano, se construye con sosegados y fluidos travellings, composiciones pictóricas, luz natural, el omnipresente rugido del mar y unas sutiles interpretaciones para alcanzar una exquisitez visual acorde con la gran carga simbólica de la película. Símbolos a los que cada espectador dotará de diferente significado según sus propias vivencias para disfrutar de una experiencia visual (y narrativa) única y personal.
José Félix Collazos


