El caso Braibanti
Hace escasamente una década y a punto de convertirse en septuagenario, Gianni Amelio declaró públicamente su homosexualidad. Es importante contextualizar el gesto individual del veterano realizador para entender la dolorosa catarsis personal y el ajuste de cuentas colectivo que ha propuesto el autor en su última obra sobre un vergonzoso episodio de la historia italiana. El caso Braibanti reconstruye el famoso proceso a un intelectual marxista que fue juzgado y enviado a prisión en los 60 por su condición sexual y sus relaciones –consentidas– con un discípulo al aplicarle una ambigua doctrina de la época fascista que penalizaba la “subyugación moral” de “aquel que ejerce su poder sobre otra persona para reducirla a un estado de sometimiento total”. Ni el testimonio de su compañero (una de las secuencias más conmovedoras del film) sometido por su familia a la tortura médica de las terapias de conversión ni la movilización de personalidades como Umberto Eco, Alberto Moravia, Elsa Morante, Pasolini, Cesare Zavattini o Marco Bellocchio evitaron la ignominia de un periodo con el que Amielo traza una línea tácita desde la Italia actual.
Cierta solemnidad y diálogos de prosa excesivamente cuidada, parecen distanciar la obra de las nuevas generaciones depositarias de su mensaje, pero la franqueza y un lacerante romanticismo dignifican este –cinematográficamente convencional pero pertinente– retrato de intolerancia institucional en un mundo amenazado por el creciente conservadurismo.
José Félix Collazos


