Ego
En el núcleo de Ego hay una turbadora secuencia en la que Paloma (María Pedraza) se masturba con la imagen de Goliadkin, la usuaria –interpretada por la misma actriz– con la que ha contactado en una red de citas y que amenaza con suplantarla y borrar su identidad de forma definitiva. La referencia a la obsesión por uno mismo, presente en el propio concepto de onanismo, adquiere aquí un inquietante significado con la atracción (¿fatal?) por quien puede ser su némesis; quizás una versión mejorada de sí misma: más segura, más independiente… y mucho más peligrosa. “Eros” y “Thanatos” (y la autoculpabilidad) más indisolublemente unidos que nunca en tiempos de pandemia. Si antes fue el SIDA, Alfonso Cortés-Cavanillas (Sordo, 2018) sitúa su thriller psicológico con “doppelgänger” en el reciente confinamiento por la crisis sanitaria del COVID-19 y utiliza los tropos del género de terror para introducir subtexto y plasmar una realidad que ha irrumpido abruptamente: el significativo aumento de los trastornos psicológicos.
Con el contexto de aislamiento (físico y mental), el film indaga en la evolución de la joven protagonista durante una semana dividida por bloques diarios hacia un inexorable colapso psíquico. La cámara, que en contadas ocasiones abandona el apartamento de su reclusión, explora las posibilidades del set con innumerables vueltas por el espacio de una manera que se hace eco de la energía inquieta de quienes están atrapados en el interior. Y si bien el arco del personaje hubiera necesitado un intervalo mayor para justificar la quiebra mental de su protagonista, la matizada composición de Pedraza (diferenciando hábilmente a la vulnerable Paloma de su fría doble a través del tono y el lenguaje corporal) aporta credibilidad; trabajo reconocido con uno de los tres premios conseguidos por la cinta en el Festival de Cine de Terror de Brooklyn, junto al de Mejor Largometraje y Guion. Una cápsula de tiempo en la que todos hemos estado atrapados, enfrentados a nosotros mismos con el escalofrío de pensar que, a veces, podemos ser nuestros peores enemigos.
José Félix Collazos


