Crock of Gold
La biografía de Shane MacGowan se nutre con la sustancia que alimenta las leyendas, aunque ya no podrá dejar un cadáver bonito. En realidad, cumplir la famosa frase pronunciada por Humphrey Bogart en Llamad a cualquier puerta (Nicholas Ray, 1949) nunca estuvo al alcance del poco agraciado líder de “The Pogues” con sus retorcidos dientes y orejas despegadas. Tampoco entre sus planes, según alguno de los testimonios que acompañan esta crónica del exceso que es Crock of Gold: su desbocado consumo de todo tipo de sustancias tóxicas, principalmente el alcohol, fue mas bien consecuencia de su pasión por la vida que de una pulsión autodestructiva. Lo que si nos entrega el que fuera alma de la banda irlandesa de punk-folk es un testimonio sincero y cáustico de su viaje de ascensión y caída hasta quedar postrado en una silla de ruedas, doblado lateralmente sobre sí mismo y arrastrando las palabras en un diálogo con la cámara y algunos participantes (Johnny Depp, Gerry Adams, Bobby Gillespie y su propia esposa) sin cuestionario alguno.
Julien Temple, competente director de cine musical y documentalista de la escena punk londinense, se aproxima a la figura de MacGowan con algunos de los recursos que tan bien maneja y ha utilizado para construir sus retratos sobre otros autores inconformistas y los márgenes de la música. El film (premio especial del jurado en el pasado Festival de Cine de San Sebastián) combina entrevistas actuales con imágenes de archivo, cine clásico irlandés, secuencias animadas de Ralph Steadman y algunas fotos familiares para crear un denso collage que hace aflorar otra historia más grande: la de las recurrentes tensiones entre Irlanda e Inglaterra. El resultado es un “rockumentary” desordenado –deliberadamente caótico por momentos como la mente del propio MacGowan– pero enormemente entretenido, de ritmo frenético y atravesado por el lirismo elegíaco de las vidas arruinadas aunque sin caer en la hagiografía. Esplendor y miseria narrado con pulso; el que todavía queda en este imprevisible poeta saboteador de sí mismo.
José Félix Collazos


