Cartas de la guerra
Saudade, término de difícil traducción, podría definirse como una especie de melancolía “estimulada por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia”. En Cartas de la Guerra António (Miguel Nunes) es un médico militar destinado al este de Angola en la contienda colonial portuguesa de 1971 y que, alejado de su esposa embarazada, vive esa separación como una extirpación dolorosa, un exilio emocional que le lleva a escribir numerosas y arrebatadas cartas de amor (y guerra) a la madre de su futuro hijo. A través de esa correspondencia conoceremos la soledad, el horror, el vacío y la progresiva toma de conciencia política de su protagonista. Basándose en el libro homónimo de António Lobo Antunes –compendio de las cartas que el escritor envió desde esa misma guerra a su primera esposa– Ivo Ferreira construye una obra poética y febril, un film bélico que indaga sobre las relaciones entre cine y literatura, camino transitado por otros realizadores portugueses como Manoel de Oliveira o más recientemente Miguel Gomes.
Entre la imagen y la palabra, Ferreira utiliza un dispositivo que descansa sobre dos pilares: la voz en off (como vehículo natural de la lectura de las misivas) y una expresiva fotografía en blanco y negro que funciona como caligrafía visual –más potenciadora que ilustrativa– del texto epistolar. El destacado trabajo de cámara, con cuidados encuadres y claroscuros, es el cimiento de un film que despunta visualmente más por la plástica de sus planos que por la construcción de secuencias y que tiene su punto débil en el articulado entre la omnipresente voz en off y los escasos momentos con diálogo y acción; una asimetría que acaba por debilitar una narrativa ya de por si obsesiva y circular. Pero más allá de sus hermosas imágenes y su vocación formal, el film es, a la postre, un ajuste de cuentas de toda una generación con su historia reciente porque, como dijo el poeta Miguel Falabella, “en alguna otra vida, debemos haber hecho algo muy grave para sentir tanta saudade…”
José Félix Collazos


