After the End of the World
Es la ciudad un organismo vivo, con sus arterias y sus órganos vitales, con sus células y tejidos, cicatrices y fisionomía; capaz de regenerarse o enfermar, curarse o colapsar en un fracaso multiorgánico que puede conducirle a la muerte tras una larga agonía. Todo esto subyace en la propuesta del cineasta y compositor Nadim Mishlawi, una personal “sinfonía” de Beirut –más bien una elegía cacofónica– que, a partir de la muerte de su propio padre, nos invita a contemplar un Beirut diferente, una urbe tan atormentada como sus complicadas arquitecturas y siempre al borde de la desaparición. La icónica metrópoli de Oriente Medio ha evolucionado sin planificación, más o menos orgánicamente, desde la Guerra Civil, la reconstrucción posterior y la especulación inmobiliaria tras el conflicto de 2006 hasta la brutal deflagración que en 2020 destrozó gran parte los edificios de su famosa “corniche”.
Inspirado por el trabajo de Werner Herzog que marca la diferencia entre los hechos y la verdad, Mishlawi se mueve entre lo fáctico y lo veraz para encontrar certezas personales entre sus recuerdos y lo que realmente sucedió. Su obra se compone así de cuatro capítulos (“Delirio”, “Entierro”, “Exhumación”, “Fantasmas”) y un epílogo para transitar a través del tiempo, más que del espacio, de una ciudad “atrapada en un presente sin fin, entre un pasado que no morirá y un futuro que ha sido cancelado”.
José Félix Collazos


